lunes, 9 de septiembre de 2013

Gretel y Gretel a la campagne.

Os voy a contar mi primer fin de semana y dentro de poco entenderéis la razón de este título. El viernes por la tarde decidimos que ya era hora de realizar las compras de 'la vuelta al cole'. Virginie (la madre)' Louise, Cyprian (el hermano mayor) y yo cogimos el coche para ir al centro comercial. Perdimos minutos y minutos tan solo en los pasillos destinados a papelería y libros. Tras conseguir lo básico fuimos en busca de la comida y del aseo personal (pasillo en el cual yo me perdí por no saber que champú escoger). A la vuelta a casa, como niños responsables que somos, ayudamos a colocar todo y tras esto yo dedique mi tiempo a colocar mi archivador y pasar a limpio mis apuntes). Tambien me pusieron un episodio de una serie de comedia muy famosa aquí. Para ser sincera me reí mucho y para mi sorpresa lo comprendí todo muy bien. El sábado fue de estar en familia, por la tarde temprano, una amiga de Louise vino a casa ya que se iban a inscribir en los Scouts y tuvieron la idea de apuntarme a mi también, así que el fin de semana que viene lo pasaremos fuera al más puro estilo americano. Por la tarde-noche tuvimos como invitados unos familiares, todos muy simpáticos y amables (esta familia es realmente encantadora), comimos con ellos y pasamos la noche viendo películas en francés. A la mañana siguiente, el domingo, los padre, Louise y yo fuimos a la hípica donde Virginie tiene a su caballo. Salimos temprano y al llegar allí la humedad y el olor a lluvia y a caballo me hacían sentir realmente bien. Me encanto descubrir que su caballo era un imponente pura raza de color blanco. Lo preparamos y dejamos a la madre para que pudiera cabalgarlo tranquila. Louise y yo decidimos recorrer el bosque hasta llegar al campo. Empezamos a andar y a hablar y poco a poco paso un cuarto de hora, al ver el reloj me replantee si debía romper mi móvil en pedacitos e ir dejando pequeñas identificaciones por el caminito para saber como volver. Me sentía como Gretel, sólo que en mi cuento Hansel se había transformado en Gretel. Pero Louise me tranquilizo, ya que ella sabía el camino. He de decoros que había mucha gente de caminata y todos muy educados saludando cada vez que te veían. La madre nos alcanzó a los cuarenta y cinco minutos y me permitió montar su caballo y no sabéis lo que echaba de menos montar. Aunque al principio el animal no daba signos de agrearme mucho, al poco tiempo de acostumbrase conmigo hizo que mi tarde fuera de 10. A las doce y media y muy a mi pesar dejamos la hípica y el campo atrás para volver a casa, donde nos esperaba una apetitosa comida por cortesía de la abuela. Y nos vino a todos muy bien pues estábamos hambrientos. El resto de la tarde fue descansar, hacer deberes y escuchar como los chicos tocaban los instrumentos musicales. 
Au revoir.

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