A continuación os contare como siguió la noche Scouts.
Bienvenidos al mundo de Francesca Andreea Dinu, mi diario público en el que contare todas y cada una de las experiencias vividas durante mi intercambio en Francia.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Fin de semana Scouts
El sábado empezamos con un buen desayuno basado en pain au chocolat y en ricas tostadas con miel y esa deliciosa crema de galletas. Tras reponer fuerzas con el desayuno subimos a preparar nuestra mochila para el fin de semana de acampada. Las indicaciones fuero: ropa fuerte que no se rompa, algo de abrigo porque por la noche hace frío, que no se me olvidara coger ropa de repuesto por si llueve y debo cambiarme, y un neceser con usos higiénicos. Creeréis que estas indicaciones me ayudaron en algo? Pues no mucho. Subí a mi cuarto abrí el armario escogí los pantalones vaqueros más" feos" y una blusa de manga larga. Luego para dormir escogí unas mayas de deporte y mi chaqueta de chandal recién traída de Noruega, sólo faltaba algo para cambiarme por si me mojaba, decidí escoger un par de leggins y una camiseta de manga corta. Recogí en mi neceser todos y cada uno de mis productos para la higiene bucal (los braquets son un gran quebradero de cabeza) y me puse mis Andy-Z único par de zapatillas que tengo ya que no iba a ir en pleno bosque con botas. Como chica inteligente antes de salir por la puerta decidí coger mi abrigo 'por si acaso' y aunque al principio creí que había hecho la tontería más grande, más tarde lo agradecí. Subimos al coche el padre, Louise y Paul, el hermano pequeño. Tras un viaje corto llegamos a la sede de los Scouts allí me encontré con Capucine y empece a conocer a gente nueva. La estancia allí no duro mucho ya que enseguida todo el mundo empezó a subir a los coches, cada uno donde encontraba plaza. Eso parecía un mercadillo de jóvenes, yo y Capucine subimos juntas en el coche de una mujer que para mi sorpresa había vivido cinco años en España, y junto con su hija y otra niña más partimos hacia la finca oficial de los Scouts de Francia en Toulouse. Tuvimos un pequeño problema con el navegador y casi nos perdemos en un pueblecito pero nuestra orientación y la genial idea de la mujer de llevar el recorrido en un papel nos salvó de un calvario. Me sorprendió ver a mi llegada a tantísima gente, padre y niños, desde los cinco a los veinticinco años y más. Cada grupo formado por edades cogió un par de tiendas de campaña y después buscaron su sitio para montarlas. Nosotros los mas mayores escogimos el sitio más alejado (cerca de un maizal). Siendo sincera lo único que se me pasaba por mi cabeza era: bichos, ratas, más bichos y más ratas ya que soy una chica de ciudad, capaz de encontrar una aguja en New York pero no sobrevivir en el campo. Además cuando veo un simple insecto huyo de tal forma que hasta los productores de Forrest Gump me llamaron para ver si quería hacer la versión femenina. Las cosas mejoraron cuando me dinero que teníamos baños y no debíamos ir al maíz a hacer nuestras necesidades (el baño era otro de mis grandes problemas). Alivio al verlo. Media hora después de nuestra llegada, el grupo de chicas que había conocido decidió que era hora de montar las tiendas de campaña. Os lo repito soy una chica de ciudad y las pocas veces que he acampado llevaba una tienda que con solo sacarla se abría (si, de esas que después no puedes volver a recogerla) así que fue toda una experiencia y aprendí donde y como iba cada cosa. Nos llevo unos cuantos minutos aunque quedo perfecta. Teníamos dos tiendas para chicas y una para chicos. En la mía éramos seis chicas: Louise, Auriane, Vio, Capucine, Sara y yo. Montada la tienda de campaña tocaba preparar las pruebas a los nuevos que pasaban de un nivel a otro, tenía que ser difícil y un poco humillante y muy divertida. Se nos ocurrió que dieran vueltas para marearles, luego correr y subir a un tronco sin manos, saltar una cuerda, dar más vueltas y hacer entre todos una pirámide para poder recoger las camisetas. Reímos mucho y nos toco sentarnos a ver todas y cada una de las pruebas, seguimos riendo y riendo, viendo como tanto pequeños y mayores ponían corazón en todo lo que hacían. Continuamos hasta que el Sol decidió abandonarnos para dar paso a un momento muy especial en el cual la luna era el complemento perfecto.
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