El miércoles pasado tuvimos una tarde de chicas por el centro de Toulouse pues aquí los miércoles son los "días libres". Ya dije en una entrada anterior que no es la ciudad del amor pero es una ciudad que enamora. Todo tiene un aroma diferente aquí y a pesar del mal tiempo (al que ya me he acostumbrado) entrar en el casco antiguo hizo que la combinación de diferentes olores procedentes de terrazas y pequeños puestos de comida calentaban el ambiente y hacían de ese día oscuro uno cálido y placentero. Junto con Louise, Camille, Capucine, Elena y Claire disfrutamos de las maravillosas vistas de toda la ciudad en lo alto de una terraza. Caminamos y paseamos por cada rincón, vimos a los nuevos universitarios pasando las pruebas que los veteranos les hacían realizar y nos reímos un poco de ellos. Tras tanto caminar el hambre y un olor familiar nos llevo directas a un puesto de crêpes. Era mi día de suerte! Capucine decidió tomar su crepe con crema de castaña mientras Elena y yo, sin importarnos que era la merienda, nos compramos dos de jamás y queso. Las crêpes salados son un manjar. Yo comí hasta más no poder pero no hay problema alguno pues para pillar el autobús tuvimos que correr, así no me sentí tan mal por haber merendado lo prohibido. Al llegar a las cinco y media a casa tocaba ponerse las pilas y acabar todos mis deberes, corregido después por Virginie. Te lo agradezco muchísimo puesto que así voy corrigiendo mis errores. Para finalizar el día la rica cena que los padre prepararon (como cada noche). Me siento en familia y las cenas con ellos son lo más agradable que he visto. Veremos quien pesa más a la vuelta, si mi maleta o yo. Se aceptan apuestas!
Salut!
PD: Aquí tenéis la prueba de nuestro delito. .
No hay comentarios:
Publicar un comentario